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Intento explicar por qué el doctor Montes lleva meses dando caras conferencias por España, o cuando cuento que la última tuvo lugar en Albacete, pagada por el Ayuntamiento y con degustación de huesos de santo incluida (no es coña). -¿Es investigador?, preguntan. -No, es anestesista -¿Y qué ha hecho?, insisten -Bueno -les digo-, sus colegas del Colegio de Médicos detectaron mala praxis por multiplicar sedaciones en las urgencias de un hospital de Madrid sin permiso de los pacientes. -¿Y eso es popular?, replican incansables. -Bueno, apoya la eutanasia e hizo campaña por Zapatero. No lo comprenden. Tampoco entienden lo de Miquel Barceló, que asimismo hizo campaña por Zapatero y ahora cobra encargos millonarios de las administraciones. Con Barceló la incomprensión no se refiere tanto a su arte (a mí me gusta) sino a que esté decorando una cúpula en la sala XX del palacio de la ONU en Ginebra por 20 millones de euros para la que se han utilizado 500.000 euros del presupuesto de Exteriores para ayuda al desarrollo. Que la cúpula pueda ayudar a los pobres del mundo se me escapa, en cambio resulta sugerente a quién ayuda, porque el tema de la obra es la Alianza de Civilizaciones. Mis amigos convienen en que lo de este país es muy raro. Aquí lo de menos son los méritos, bastan los amigos con mano en el erario público.







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