Cuando Garzón se sube al monte como ahora, al gobierno no le queda otra que encapsularle, hasta la próxima. Por ahí fue el fiscal, por ahí iba la propia Audiencia, y por ahí ha ido el nuevo Consejo del Poder Judicial, dándole un escozón, impidiéndole viajar a París, ¡en viernes!, a una conferencia que cerraba Sarkozy. Un castigo que ha soliviantado enormemente al juez. Hasta ahora Garzón hacía, por lo menos, un viaje trasatlántico cada mes, así es que prohibirle esta escapada, total a la vuelta de la esquina, ha sido la colleja que se le da al niño remolón para que ordene sus cosas, ¡pelmazo!, los papeles de Batasuna, de ANV, del PCTV o el chivatazo del bar Faisán. Para que espabile. Claro que tras este toque, surgen otras preguntas: ¿Se puede espolear a un juez que trabaja poco? ¿Y amonestarle por abrir una causa a sabiendas de que no es competente? ¿Y sancionar el cierre de esa incompetencia una aberración jurídica? Claro que se puede hacer, pero me temo que tampoco lo hará este CGPJ.