No les maravilla
Con motivo de la placa a la Madre Maravillas hemos visto de todo: hemos visto la casposa tirria y el trasnochado anticlericalismo de unos cuantos, la disciplina de partido, el felpudismo ante el jefe, la absurda discusión de siempre y siempre pasada de moda. En Madrid hay costumbre de colocar placas recordando esos acontecimientos. Es algo natural, agradable y curioso. Siempre y cuando, claro, el recordado no sea una monja. Puede que haya sido un imbécil, pero todo antes que una monja. A veces, y cada vez más, nos obligan a colocarnos más cerca de lo opuesto que de lo nuestro. Qué cosas, oigan.







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