En el colegio público Macías Picavea de Valladolid se imparte religión solamente a los alumnos cuyos padres así lo solicitan y los currículos y las actividades escolares se ajustan escrupulosamente al carácter laico que debe tener un centro cuyo propietario y gestor es un Estado constitucionalmente aconfesional. Por tanto, nada ni nadie vulnera en sus dependencias los principios de libertad religiosa y de igualdad, consagrados asimismo en nuestra Ley de leyes. El hecho de que en la pared de las clases figure un modesto crucifijo, que pende allí desde hace décadas fruto de una tradición propia de un país mayoritariamente católico, no representa un ataque a ninguna otra creencia ni por supuesto a posiciones agnósticas o ateas, a las que la presencia de la imagen debe lógicamente dejar indiferentes. Por tanto, la denuncia ante un juzgado de lo contencioso presentada por el presidente de la Asociación Escuela Laica implica una voluntad deliberada y agresiva de ofender a los cristianos, de someterles a una humillación pública, de combatirles en definitiva mediante un acto que les duela y les moleste.