Prohibido hacerse viejo
Dicen que las pensiones de los menores de 50 años, las de la Seguridad Social, ya no están aseguradas, que no tienen seguridad social ninguna. Y la situación financiera amenaza con fastidiar también los planes de pensiones privados. Claro que nos queda el refugio del ladrillo: una casita que poder vender para pagar el sanatorio de nuestra vejez, o el asilo. Ah, no. Perdón, acabo de recordar que el burbujazo inmobiliario se ha cepillado de un ladrillazo también «eso». Acabo de acordarme de que, en realidad, somos un 40% más pobres de lo que creíamos, y que estamos un 140% más endeudados de lo que habíamos imaginado. En resumen: no podremos contar con cobrar una pensión después de cotizar durante décadas a una Seguridad Social que se hunde; el ahorro particular con que pensábamos completar nuestro mísero óbolo gubernamental, el de los planes de pensión privados, se lo está tragando la hecatombe financiera (internacional, eh); y la casa que habríamos podido vender para costear nuestra jubilación, después de pagar intereses por ella a lo largo de 40 años, vale lo que un billete de metro. (Jo. Menuda vejez me espera).







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