A medida que se van conociendo más detalles de los ataques coordinados de terroristas yihadistas contra objetivos hoteleros en Bombay, podemos concluir que se trata de un nuevo y más sofisticado, peligroso y audaz «modus operandi». El terrorismo yihadista no había actuado nunca de forma tan organizada y con métodos de comando, es decir, de combate casi abierto, salvo en Afganistán, donde los talibanes se han convertido en un verdadero ejército terrorista de cerca de 30.000 hombres. Se especula sobre por qué India y por qué ahora. Es difícil, y no sé si muy útil, tratar de meterse en el pensamiento de los cabecillas terroristas. Sin embargo, cabe especular que éste es el primero de una serie de atentados que normalmente se perpetran en el primer año de mandato de un presidente estadounidense, eligiendo como objetivo India por tratarse de una democracia aliada de Occidente con la mas importante minoría musulmana del mundo. De hecho, India es el segundo país con mayor población musulmana del mundo, tras Indonesia. Y desde hace décadas enfrenta sucesivos conflictos regionales con su vecino, Pakistán, especialmente el de Cachemira. Sin embargo, constituye, a mi juicio, un intento más de utilizar el terror como un mensaje sangriento al mundo entero: «Aquí estamos y nunca cejaremos en nuestro empeño». Conviene, sin embargo, subrayar por enésima vez que la aplastante mayoría de los musulmanes no sólo son moderados, sino que son además la principal víctima del terrorismo yihadista. Si se hace un análisis serio y riguroso del número de víctimas musulmanas y no musulmanas, comprobaremos, para sorpresa de algunos que la proporción de víctimas entre los primeros es varias veces superior, en algunos casos hasta veinte veces, a las segundas. Para quienes aseguran que el terror no es sino la respuesta de algunos a los pecados y excesos de Occidente habría que preguntarse ¿por qué entonces reaccionan asesinando a sus supuestos correligionarios?