Por más que lo intenta, el hermano Bono no logra que la concordia reine entre sus señorías, arisco rebaño de cabras y cabritos. Tras fracasar con la placa de la Madre Maravillas, lo ha intentado de nuevo con la fiesta de la Constitución. Nada mejor, pensó, que unir en la lectura del texto constitucional a las tiernas generaciones con sus ídolos deportivos, sus cantantes preferidos o sus admirados actores. Qué estampa más edificante. Pero en mala hora se le ocurrió. A Josu Erkoreka y a Llamazares, que sólo se acuerdan de la Constitución para cornearla, les pareció inaceptable que se invitara a «gente de la farándula», de la que sospechan que podría robar los ceniceros y manchar el hemiclo de carmín. Celia Villalobos criticó que sólo participaran jugadores del Madrid y del Barça; y para el PSOE, había dos inconvenientes: no figuraban todos los del «Sindicato de la ceja» y la lectura no era en el Círculo de Bellas Artes. Total, que el bueno de Bono se la ha tenido que envainar dos veces en una semana. Y es una lástima porque hay mucho indigente moral necesitado de una lectura atenta de la Constitución. Por ejemplo, los que le niegan el homenaje a una monja por el hecho de ser monja.