Hay demasiados ejemplos que muestran la ausencia de firmeza y dignidad políticas del actual Partido Popular. El caso de María San Gil es sintomático. Fue vergonzosa la actuación de Soria, el político canario y de Mariano Rajoy. Se quiso hacer ver que María San Gil estaba desquiciada o estaba pasada de moda. O sea, fuera de la realidad. Luego se dijo que se mantendrían los principios de siempre. Ya se ve. Luego Mariano trataba de evitarla. Todo penoso. Es normal. La gente políticamente decente molesta. Pone en evidencia a los demás. Veamos el caso UPN. Rajoy permite que el funambulista Sanz chulee al Partido Popular. Le tome el pelo públicamente. La reacción de Rajoy es suspender relaciones. ¡Qué miedo! Y el funambulista se crece y amenaza. Y Rajoy se calla. Que lo diga Cospedal. Rajoy se atreve a hablar cuando los micrófonos están cerrados. ¿Es esta la imagen de un líder que debería ser alternativa de gobierno y que debe transmitir confianza a sus votantes?