Era más que previsible que la Ley de Violencia de Género no diese los frutos apetecidos. A los hechos me remito. Más de setenta mujeres muertas a manos de sus parejas en el pasado 2008.

Pero conociendo los antecedentes y la tendencia de este Ejecutivo para aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, a la hora de justificar fallos e incumplimientos, también cabía dentro de lo previsible, que a pesar de todo, se siga manteniendo la idoneidad de la Ley. Así ha sido. El señor Álvaro Cuesta, secretario ejecutivo de Libertades Públicas de los socialistas, ha defendido que la manera de conseguir mayor eficacia no es otra que la de mejorar la coordinación y la gestión, a la hora de aplicar lo legislado.

Pues desde aquí rogaría a este señor y a los que piensan como él, que tengan en cuenta que para lograr aunar eficacia y eficiencia, no basta con aportar instrumentos legales. Que para defender con un mínimo decoro, que de verdad lo que se pretende es solventar un problema que como el de la violencia de género, tiene en nuestra sociedad dramáticas consecuencias, hay que tener un mínimo de vergüenza y reconocer que no se está haciendo todo lo que se podría, para remediarlo.