Como cada día ha salido a las ocho y cuarto de la mañana, pero hoy es un zombi sin destino. Hoy no abrirá el pequeño negocio porque las deudas se lo han devorado. Se siente como un pájaro atravesado por plomo en las alas, inerme y abandonado. Se ha desangrado entre facturas no cobradas y pagos fallidos. «Estamos en el peor momento de la crisis» oyó por la mañana en la radio, y su crisis es un amanecer sin rumbo. ¿Dónde ir? Llama a Valentín, su empleado y eterno escudero y decide acompañarle a la oficina del paro. Al fin y al cabo él fue quien le acompañó al banco a pedir el crédito, el que también rogó y suplicó dinero, el que ofreció como aval su piso hipotecado, el que puso por delante «demasiadas pocas garantías»... demasiadas pocas... Los recuerdos son un tormento. Debe abstenerse de recordar, es una cuestión de supervivencia. El que vive de recuerdos arrastra una muerte interminable, como a partir de ahora barrunta que será la suya. En la oficina del paro tienen que hacer cola, el dinero ganado sin esfuerzo es más humillante. Siente flaqueza, presiente que está a punto de desplomarse. Valentín es el parado tres millones y medio pero, - Señorita, yo era su jefe, soy autónomo, ¿de verdad que no tengo ningún derecho a paro? No pido gran cosa, denme como a él. Acaso una pensión, como a mi madre que es viuda. Mire, mi mujer también está parada, los niños... uno aún lleva pañales, y el piso... el piso me lo quitan, me quedan veintitrés años todavía... Míreme algo, por favor. ¿Se puede pedir en otro sitio? ¿Le explico a su jefe? ¿Vuelvo mañana? - Ni se moleste, es usted autónomo, y no entra en las listas del paro. Ni siquiera es una estadística, porque a los autónomos no les contamos. Ustedes serían los culpables de los cuatro millones, o los cuatro y medio, quién sabe, de parados. Cul-pa-bles, ándese con tiento, que esta palabra está de moda. Siente un aguijonazo en el corazón, eso es el desaliento, el final de una osadía, de un pequeño «negocio». Y piensa: Presidente, tengo una pregunta para usted: ¿Tenía que haberme quemado a lo bonzo antes de perderlo todo? Si hubiera conseguido ser un «peligro público», al final ¿me habrían dado el paro?







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