Ya no hay dudas. La Seguridad Social puede acabar  entrando en quiebra antes de septiembre. El paro arrasa con todo; crece y crece sin parar ante la incompetencia gubernamental.  No faltan quienes dicen que el cese de Fernández Bermejo, ahora ex ministro de Justicia, es una bocanada  de humo para confundir al personal y levantar las encuestas de Galicia a favor del PSOE, además de simple fogueo para que no se hable de la fuerte crisis que "apalea" al gobierno de Rodríguez. No se pueden seguir pagando pensiones y paro a la vez. Lo adelantó Pizarro hace meses y lo negó Pedro Solbes; el caso es que la realidad es tozuda y el ministro ha quedado como Cagancho en las Ventas, además de como mentiroso, incompetente y ruin. El gobierno se encuentra en una encrucijada y, a partir de junio, se va a encontrar con que si garantiza las pensiones no podrá seguir pagando el paro. La recesión no perdona y la dejadez del Gobierno sale ahora a relucir; de ahí la nula confianza en la economía española por parte de países como Francia y Alemania. También están en juego las pagas extraordinarias de los funcionarios y de los pocos trabajadores que van quedando. Si a ello unimos la permanente traición de los sindicatos a los trabajadores - sobre todo de UGT y CC.OO., cuyo anhelo principal es "ordeñar" la vaca de los presupuestos generales, mientras que la situación y angustia de los trabajadores les importan un rábano asado -  estamos en un punto en que la revuelta laboral puede estar a la vuelta de la esquina. Es imprescindible abrir la Constitución y "dar puerta" a las organizaciones sindicales: cada cual que pague y mantenga a sus liberados. La injusticia tiene un límite y los sindicatos son la ruina de las sociedades democráticas modernas. La calle debe pronunciarse sin tardar. Así no vamos a ninguna parte.