De la sorpresa a la incredulidad, así hasta el estupor y la vergüenza. Esos han sido los sentimientos que me ha causado, el conocer que uno de los asesinos de Alberto y Ascensión,  el que disparó a la nuca del concejal sevillano, contará con la posibilidad de cuidar a su hijo recién nacido, hasta que cumpla tres años. Un 29 de enero,  el fanatismo irracional de Miguel Azumendi, dejó huérfanos a tres criaturas de 5, 7 y 9  años. Hoy, fruto de una legislación que pide a gritos del dolor de las víctimas, que sea revisada, tanto él como su pareja, podrán ejercer un derecho que le robaron a tiros a otros padres, en una fría madruga sevillana. ¿Se habrán planteado tan siquiera lo que sentirán esos huérfanos, los jueces de Vigilancia Penitenciaria que lo han hecho posible?