Sé que el asunto no es como para hacer bromitas, pero, amigos, si no desdramatizamos un poco, acabaremos tocados del ala, más todavía de lo que ya estamos. Porque es que no hay manera de tener tranquilidad. Entre las crisis íntimas y las crisis sociales, el día que te levantas y no te agobia nada es que estás muerto. Sí, señores, yo estoy con el pueblo, la culpa de todo la tiene el Gobierno. Da igual el que sea, los que mandan no se enteran. Improvisan. Fastidian. Llegan tarde a todo. Si era tan negativo echarle la culpa al cerdo de la nueva gripe por qué no reaccionaron antes. Ahora que la llaman «A», o no sé qué, ya nos están devolviendo los jamones ibéricos. Pues tengo una idea: que se los regalen a los parados. Si Rusia no quiere nuestros maravillosos jamones, que los reparta entre los comedores de beneficencia, que con tanta clientela no les da ni para sopa. Es paradójico, ¿no? La gente atemorizada, unos porque están sin curro y otros porque pueden perderlo. La gente con menos besos que nunca por miedo al contagio. La gente con un estrés que hasta se choca cuando anda por las calles, ¿se han dado cuenta? Y, a todo esto, los gobernantes tienen una corazonada. Una idiota corazonada que nos tenemos que tragar a todas horas. Y que claman las entusiasmadas voces de los actores en radios y teles: «¡Tendremos Juegos Olímpicos en Madrid!» Olé.