No hay nada que Zapatero haga con más soltura que arrojar dinero desde la ventanilla del Estado sobre las masas que se arraciman a su paso, sobre todo cuando hay elecciones cerca. La afición le viene de muy atrás y, cuando aún no se hablaba de la crisis económica ni de brotes verdes primaverales, ya gustaba de echar mano a la chequera en los Debates del Estado de la Nación, como cuando anunció el de 2.500 euros por cada nacimiento. En aquella ocasión, julio de 2007, el hemiciclo casi se vino abajo, con una izquierda sin píldora postcoital enfervorizada por estimular la natalidad. Si tendría éxito el aguinaldo entre el pueblo que meses más tarde extendió otra propina: 400 euros para uso y disfrute del cotizante. A nadie le extrañe, por tanto, que en el debate de ayer el presidente confundiera el chequeo al estado de la Nación con firmar cheques sin cuento y, seguramente, sin fondos. Según parece, aquí hay dinero para todo y para todos, para coches, transporte, las chapuzas del pueblo y hasta subsidios vitalicios a los parados. Bello y edificante es el ejercicio de la caridad, que socorre al desvalido y alivia al necesitado. Lo que pasa es que si la ejerce la derecha, es un acto abominable para encubrir la injusticia, pero si es la izquierda quien la practica, entonces se llama solidaridad y política social.