En España nunca ha habido un ateísmo serio, como Dios manda. La única fe que de verdad parecía que habíamos abandonado era la fe en Eurovisión, pero también se ha demostrado que ése era un escepticismo de pega porque resultaba demasiado ostentoso. Los españoles hemos estado acudiendo a ese festival como el alumno díscolo y pasota que en realidad quiere llamar la atención del maestro: para que nos dieran leña, para que nos suspendieran, para hacer alarde de que pasábamos de él y para luchar heroicamente por el último puesto con un entusiasmo un tanto sospechoso que se acaba de revelar impostado y falso ahora que hemos logrado acercarnos a nuestro objetivo peligrosamente y quedar los penúltimos. ¿Por qué no lo celebramos si era eso lo que pretendíamos? Y es que todo ese desdén pomposo del que hacíamos gala, ese gamberro nihilismo eurovisivo que nos exigió enviar el año pasado a Chikilicuatre, aquel friki de arte y ensayo, era absolutamente insincero. En el fondo lo que nos pasa es que nos avergonzamos de la época en que la familia permanecía unida porque veía la tele unida y escuchaba a Massiel con la boca abierta y con lágrimas en los ojos. Nos avergonzamos de la inocencia de cuando éramos pobres y de cuando creíamos que con los votos de Alemania y el triunfo del «Lalalá» nos estábamos acercando al Mercado Común. Nos entra como un sonrojo hortera de nuevos ricos al recordar cuando la Eurovisión era un acontecimiento mítico, algo muy importante hasta para nuestra izquierda y nuestros nacionalistas periféricos. Tan importante que Joan Manuel Serrat se llevó un berrinche porque no le dejaron cantar. Chikilicuatre fue un chiste que nos quedó serio, que no se entendió. Seguimos sin encajar en Europa. No entendemos la demanda, ofrecemos lo que no interesa. Tanto fardar de que somos plurales y no entendemos la pluralidad europea, porque lo que de verdad es plural es Europa. Este año hemos mandado a una rubia platino con dos metrosexuales. Nos hemos hecho los noruegos mientras Noruega estaba en otra cosa y hemos acabado junto a Lituania.