Que Zapatero vaya a un mitin en Falcon es feo como un hermano Calatrava, pero carece de trascendencia. Levante la mano el presidente autonómico que no tira de coche oficial para sus actos de partido. Son las explicaciones de Leire -y de Moncloa- las que confieren al asunto una inusitada relevancia. En su empeño por exculpar al jefe, desbarran. Dicen: «El presidente siempre es presidente, desde que se levanta hasta que se acuesta». Ergo puede utilizar todo el tiempo los recursos del Estado. Pregunta: ¿por qué reúne entonces a la ejecutiva del partido en los jardines de Moncloa? ¿Por qué en campaña de generales aparca el presidente su avión oficial? Respuesta de partido: «Porque en campaña el presidente está en funciones». ¡Tarjeta roja, mi Leire! Hay que leer más. El Gobierno no entra en funciones hasta que se han cerrado las urnas. ¡Horror, el argumento se desploma! La anécdota del avión se hace categoría dramática. El hábito de decir cualquier cosa es peligroso. La suficiencia engancha. En su sermón de cada lunes sobre los buenos y los malos, Leire hace tiempo que arruinó al CIS.  Abusa de expresiones como «todo el mundo sabe», «los ciudadanos piensan», «los españoles quieren». Tiene suerte Pajín: la sociedad entera opina siempre como ella.