Para algunos, respeto es sinónimo de tolerancia. Y no, ni mucho menos: tolerar es consentir desde una situación de poder; respetar, admitir desde una posición de igualdad que el otro tiene tantos derechos como uno mismo. Irán merece el respeto de todos y cada uno de los países para hacer exactamente lo que le dé la gana, siempre que lo haga en su país. Tiene derecho a decidir su camino y elegir el puesto en la Historia al que quiera dirigirse, incluso matándose sus ciudadanos entre sí. Es su problema, no el problema de los demás. A los demás, sólo y únicamente nos toca respetar. Podemos mantener relaciones diplomáticas con ellos o no, que también tenemos nuestros derechos; pero de ninguna manera a inmiscuirnos en su devenir.
A los perversos poderes que nos dominan -EEUU y servidores-, les viene bien esto de Irán para mantener la política del pánico vigente, incrementar las ventas de armamento y hasta para perpetrar una degollina que entresaque parados de Harlem, el West End y barriadas por el estilo, consiguiendo en un ¡boom! que disminuya el desempleo como en un Plan E instantáneo. Me llama poderosamente la atención que quienes defienden el sistema impuesto por los EEUU y sus servidores sean tan poco críticos con los guantanameros, quienes disponen de armamento nuclear para borrar parte de la Vía Láctea y aún quedarles reservas, acopian a tutiplén toda suerte de bichos de ésos que cuando se les escapa uno tenemos un SIDA o una pandemia cualquiera, y hasta disponen de armamento de cuarta generación capaz de producir terremotos, alterar el clima o cambiar la realidad política de cualquier país -y cualquier persona-, pues que juegan siempre a varias barajas y financian lo bueno como lo malo de cada país para poder obrar según les convenga. "Se negocia en voz baja y con un garrote en la mano", que decía Roosevelt. Irán tiene el derecho soberano de cualquier país a obrar como mejor le convenga; a hacer trampa en las elecciones, o no; a que la oposición se levante contra el poder instituido, o no; a creer en Jehová, Jesucristo, Alá o los mandingas, o en ninguno; a vestir yines, túnicas sagradas o burkas, o ir coritos; a desarrollar armamento nuclear, químico, bacteriológico, o a armarse con piedras; a que les guste Julio Iglesias, Mohamar Tinga o la de Los pajaritos, o ninguno; y, en fin, a proceder como les dé la gana. Eso sí, siempre dentro de sus fronteras y por igual respetando a los demás.