Hay profesiones que caen bien a la gente y otras que caen fatal. Me caen bien los misioneros, tipo Vicente Ferrer, que entregaron su vida a ayudar a los más pobres entre los pobres. Caen bien los que te dan los buenos días con una sonrisa o ese niño que te da las gracias porque le has bajado el balón del ramaje de ese árbol. Cae bien el médico que te atiende como un amigo y te anima o te dice una mentira piadosa para elevarte esa moral resquebrajada. Caen bien esa pareja de ancianos que ya han celebrado sus bodas de oro y se siguen queriendo. Y caen fatal los políticos, ya sean de derechas o de izquierdas. No te fías de nadie. Me refiero a la alta política, política regional o política local. Todos quieren hacerse ricos igual que su antecesor. Para ser médico hay que estudiar medicina, o arquitectura para ser arquitecto. Para ser político es suficiente hablar bien y, sobre todo, mentir con soltura. O insultar al contrario con una pizca de gracia. No es obligatorio haber estudiado Ciencias Políticas. Los hay abogados (casi todos) ingenieros, filósofos, periodistas, terratenientes o sindicalistas. Es igual. Eso me recuerda aquella historia de un hombre que después de estacionar su coche frente al Congreso de los Diputados escucha un griterío que sale desde el hemiciclo. - "¡Ladrón....mentiroso... sinvergüenza... corrupto... vendido...falsificador...vago de mierda...bandido... chorizo... indecente... calzonazos...trepa...indigno... gusano...inútil...parásito social...! El hombre, muy asustado y sorprendido, pregunta al guardia de la entrada. - Perdone señor...¿qué pasa dentro? ¿se están peleando? - ¿Eso? Nada, lo de todos los días al iniciarse la sesión. Están pasando lista.