No se trata de mayor o menor intervencionismo, de más o menos socialismo, sino simplemente de llegar a fin de mes, de que dejen de alargarse las colas de los comedores sociales y también las del Inem. No son matices, no es un estéril debate, es una emergencia. Con cuatro millones de parados y casi el 20% de la población activa desempleada no existe ni modelo social europeo, ni estado del bienestar, ni nada que se le parezca. No hace falta alcanzar los cinco millones de parados, que Zapatero es capaz de superar con la mejor de sus sonrisas, la actual situación mantenida en el tiempo es incompatible con sanidad, educación o pensiones públicas. No es cuestión de querer simplemente es no poder. Hagan una sencilla cuenta: sumen a ocho millones y medio de jubilados y pensionistas, cuatro de parados y algo más de tres millones de funcionarios, y resultan casi dieciséis millones de españoles cuya retribución ha de salir de los quince millones de trabajadores y empresarios que todavía operan en España. Y a partir de ahí edifiquen, para los nuevos 46 millones de españoles una construcción social de con un sistema universal, público, gratuito y de calidad en la sanidad, la educación, la seguridad y todo aquello que es menester. Imposible, las cuentas no cuadran.