Ventolera gay
el 4 jul - 1 comentario
A las puertas de celebrarse la fiesta más famosa de la homosexualidad, los vecinos del madrileño barrio de Chueca se llevan las manos a la cabeza, no porque vayan a ver a cientos de homosexuales, medio desnudos, medio borrachos y demostrando sus tendencias sexuales, sino porque les aterra el ruido atronador y los destrozos que tal festejo produce a su paso. A estas alturas, le encuentro poco sentido a esta celebración que hace años podía considerarse reivindicativa, pero hoy es sólo una exhibición de mal gusto. Si hay algo que no entiendo es por qué tantos gays se empeñan en contarme cuáles son sus tendencias sexuales. Yo no voy hablándole a nadie de mi heterosexualidad y, si bien hace años, las persecuciones a los que tenían una sexualidad diferente hacía inevitable la pura reivindicación, ahora que los gays tienen no sólo los mismos derechos y posibilidades que el resto de la ciudadanía, matrimonio incluido, sino bastantes lobbys, sobre todo en los medios de comunicación, me parece absurdo e igual de antiestético que si los heterosexuales saliéramos a la calle a meternos la lengua hasta la garganta en público.

















Indudablemente.