Estaba cavilando para ver si se me ocurría algo que aportar al debate nacional sobre la crisis. Tras mesarme largamente el cabello, tirarme de las cejas y poner cara de interesante, llegué a la conclusión de que no tenía las ocurrencias de Zapatero, lo cual no sé si me reconforta o me hiere más. ¡Que piense él!, me dije en plan Unamuno. No, mejor, no, casi que no piense. El esfuerzo no resultó del todo baldío. Estas son dos ideas, si no para resolver la crisis, sí para sentirnos un poco mejor. 1) Regresemos a la naturaleza. Sin exagerar. Tampoco es necesario hacerse campesino como Tolstoi. No nos compliquemos la vida, no hace falta gastarse una fortuna en El Bulli para darle gusto al cuerpo. Comamos lo que nos ofrece la Tierra en el momento. Si es el mejor mes para consumir cerezas, brócoli, habas o sepia, hagámoslo. El brócoli, antioxidante, es el mejor amigo del aparato digestivo. Las cerezas, diuréticas, ricas en hierro, calcio y vitamina C, aconsejables para las premenopaúsicas, justifican un viaje al Valle del Jerte, en plan económico. Pocos placeres hay como sacar de la vaina una habita y comértela con una pizca de sal. La sepia, a la plancha, con limón y en casita. 2) Trabajemos bien. Ya que no somos ricos ni vivimos en tiempos donde trabajar era una ofensa (lo ofensivo, ahora, es no poder trabajar), convénzase de la importancia que tiene para usted y para la sociedad su trabajo bien hecho. Un paciente estaba desesperado porque no podía dormir más de una hora y media. Y adelgazaba. Lo marearon: que si la unidad del sueño, que si dietas... Hasta que un buen médico lo observó con cuidado, vio que sus manos eran sorprendentemente largas, se preguntó por qué su paciente se despertaba hambriento de madrugada. Consultó libros y llegó a la conclusión de que podía tener un tumor en el cerebro en la glándula pituitaria. Lo salvó.
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