De la Audiencia Nacional y sus alrededores, el más guapo es el juez Santiago Pedraz. Una reputada letrada me lo definió con pasión. «Es monísimo». A quien escribe, que no le gustan los hombres y tarda en exceso en apreciar sus bellezas físicas, no le importa reconocer que Pedraz es, efectivamente, muy guapo. No he oído su voz, pero de tenerla barítona, el hombre puede hacer estragos no sólo en la Audiencia Nacional, sino en las calles adyacentes, las del marqués de la Ensenada, el general Castaños, Orellana y la Plaza de París. Por ahí está también la de Génova, con sus peculiaridades políticas. Pues aun así, también en Génova es Santiago Pedraz el más guapo y distinguido, que le saca varias cabezas de ventaja a Baltasar Garzón, que en verano pierde muchos enteros sin sus chaquetones. Belleza aparte, el juez Pedraz es un chollo para el mundo batasuno. Les autoriza todos los actos de homenaje a terroristas etarras, vivos o muertos. Es Pedraz un hombre de gran originalidad interpretativa, y lo mismo dice que insultar y vejar a la figura del Rey carece de importancia como asegura que homenajear a los asesinos etarras es un derecho de reunión de los convocantes. En las hemerotecas se pueden consultar y confirmar las numerosas interpretaciones permisivas con las que el juez Pedraz ha distinguido a los batasunos. Por desgracia, los hombres guapos también se equivocan.