Una ciudad fea, y que además huele a cerveza mezclada con pólvora y sangre es Belfast. Es oscura, triste y nada irónica. La ironía voló sobre Irlanda una noche y se concentró sobre la casa de Bernard Shaw. Cuando Shaw se instaló en Londres, se quedó sin ella para siempre. Los irlandeses y los españoles nos hemos llevado siempre muy bien, y dentro de España, los vascos. Los irlandeses fueron invadidos y colonizados por los ingleses, en tanto que los vascos formaron parte de la fundación de España. Pero el terrorismo del IRA y el de ETA están muy hermanados, porque los terroristas no han estudiado Historia, y así les va. De ahí que se diga que los irlandeses y los vascos no saben nunca con precisión lo que quieren, pero lo quieren furiosamente. Ahora tienen en Belfast, muy refugiado y mejor cuidado, a De Juana Chaos, el gran asesino español de otros españoles. Le hacen entrevistas, y De Juana Chaos dice que el Estado Español tortura y todas esas cosas. No habla de sus más de veinte crímenes, porque en Irlanda siempre hay un cura que, de improviso medita, y se enfada. No es cosa de valorar las declaraciones de ese forajido. Está en Belfast con su mujer, Irati Aranzábal, a la que se zumbaba en las cárceles españolas con frenesí y frecuencia. Y en huelga de hambre, lo que hace sospechar de la veracidad de esa huelga. De Juan Chaos tiene dos únicos horizontes en su vida. El penal o Belfast. Si la Justicia irlandesa lo extradita a España, pasará otra temporadita en la cárcel, con o sin Irati. Y si las poderosas fuerzas relacionadas con el IRA convencen al juez irlandés, De Juana Chaos permanecerá en Belfast hasta el fin de sus días, porque a España no se atreve a volver. Y yo me pregunto si no estará mejor en Belfast que en una cárcel española, donde puede de nuevo protagonizar una comedia victimista. Para un español, vivir para siempre en Belfast es una cabronada de aúpa. Salen hongos en las orejas. No es San Sebastián. O cárcel o Belfast. Que se joda la parejita.