En apenas dos semanas, desde el final de las vacaciones de agosto, el cúmulo de situaciones esperpénticas vividas en España es de Guinness. De las contradicciones y medias verdades con las que el Gobierno en pleno viene hablando de la subida de los impuestos, pasando por el desbarajuste del PP en Baleares donde han dilapidado un granero electoral por inacción y falta de coraje político, y terminando con el numerito de Chávez en plena Gran Vía madrileña donde se paró a comprar un libro, seguramente porque ha debido contarle alguien que quizá leyendo, y no hablando desde la osadía de la ignorancia, con bravatas y chulería tabernaria, es posible que alguien le tenga algo de respeto, y no sólo miedo. Y de postre la Diada que se encontró con que la gente en lugar de gritar «volem l' Estatut», lo que volem  de verdad es un curro, un trabajo y no tanta palabrería y consultas populares como la broma de mal gusto de Arenys de Munt pagada con dinero del contribuyente. Contribuyente que va a sufrir una fuerte subida de precios el próximo año porque será  del IVA de donde Zapatero sacará la mayor tajada para tapar algunos de los muchos agujeros que ha ido provocando en sus cinco años largos de mandato, y muy especialmente en los largos meses en que negó la evidencia de la crisis que se nos venía encima para no perder las elecciones. Y en el PP dejándose «comer la merienda» en Baleares donde, además de quejarse con razón del trato vejatorio de los detenidos por el caso Palma Arena, se han quedado descabezados con la dimisión de Rosa Estarás. Por cierto ¿dónde estará Jaume  Matas que no esta dando la cara por los que fueron sus colaboradores? La única solución seria es un congreso regional pero no parece que Rajoy esté por la labor. Y Joan Laporta encabezando marchas independentistas pero con los ojos puestos en el Real Madrid, «icono futbolístico del centralismo opresor». A ver si se marchan estos calores y alguien tiene la cabeza fría para parar tanta «gilipollez» como venimos soportando.