Juanes ha cambiado la camisa negra de su canción del verano de hace ya años, por la verde oliva de los hermanos Castro. En la Plaza de la Revolución de La Habana, ante la silueta de hierro del Che y a pocos metros de la Lubianka cubana que lleva funcionando más de medio siglo, se concentraban el sábado algunos cantantes, también españoles de esos de la ceja que discriminan entre guerras según envíen a los soldados los del PP o los socialistas, en un concierto, según ellos, por la paz. Pues será por la paz de los cementerios y las cárceles que el régimen castrista ha llenado en estos cincuenta años de dictadura implacable, pero eso sí, con el marchamo de izquierdas que tanto les «mola» a estos «progres» de cartón piedra, como las empresas de las que habló Zapatero el sábado olvidado que los parados que ha generado el cierre de esas empresas son de carne y hueso. Es enternecedor ver a un Víctor Manuel, gordo como un trullo, justificando el concierto, o a Miguel Bosé, que por cierto sacó una buena «pasta» con un programa en TVE cuando la «derechona» de Aznar gobernaba con la mitad de parados y sin déficit en este país de las maravillas donde la paz social se garantiza subiendo impuestos, asfixiando a las pequeñas y medianas empresas, y elevando el IVA que grava todos los productos del mercado, los que compran los ricos y los que necesitan para subsistir los pobres, utilizando el lenguaje oficialmente correcto impuesto desde La Moncloa. Y hablando de la TV pública de cuya independencia tanto se presume, es curioso cómo se subraya la exigencia de no olvidar los desaparecidos en la Argentina de gentuza como Videla o Galtieri, mientras se alaba la iniciativa de los «ceji-cantores» en la Cuba de la dictadura más larga y cruel después de la Soviética. Tiempos de demagogia. Demagogia y populismo barato, de «rojerío» de salón y cinco tenedores. En la Habana sólo faltó Pilar Bardem haciendo tintinear toda la quincalla con la que se adorna cada vez que sale a alabar las bondades de Zapatero y a denigrar a la «derecha fascista y clerical» que representa el PP. ¡Hay que joderse! Con perdón.