Ayer, los ministros convocados a la sesión de control se zafaron de dar explicaciones de su gestión pública agitando los problemas internos del PP y haciendo gracias que pretendían ser ingeniosas. La vicepresidenta primera acudió a un juego dialéctico en el que aparecía la palabra «costa» para esquivar una pregunta, cuya respuesta aguardaban decenas de familias vascas y gallegas, sobre el atunero «Alakrana» y las medidas de seguridad de los barcos pesqueros. La vicepresidenta segunda, Elena Salgado, lejos de responder a las objeciones planteadas a los Presupuestos, sacó «Gürtel» a pasear. Es decir, el FMI ridiculiza las previsiones del Gobierno, el gobernador del Banco de España desautoriza su inmovilismo laboral y la Comisión Europea, ayer mismo, califica de «riesgo alto» la situación que ha generado la política económica del Gobierno, y la única respuesta que se le ocurre a la vicepresidenta Salgado es hacer chistes con los líos de la oposición. No tuvieron mejor comportamiento otros ministros. A los ciudadanos les importa muy poco la opinión de sus gobernantes sobre las cuitas de la oposición; lo que de verdad les preocupa es el lamentable estado de la economía y cuando hay cuatro millones y medio de personas sin empleo, los chistes hay que dejarlos para los humoristas. También les preocupa que un policía prevenga a un terrorista de su inminente captura y que el Gobierno aún no se haya puesto al frente de la investigación para que no se vuelva a violentar el Estado de Derecho cuando se trata de luchar contra el terrorismo. Paro, seguridad, terrorismo, educación, sanidad... Ésas son las prioridades del ciudadano, no las trapisondas de la oposición.








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