Parece un chiste. El Consejo Escolar de Cataluña y el consejero de Educación, Maragall, quieren suprimir la Navidad y la Semana Santa para los estudiantes. ¿Más estudio? No, sólo un cambio de nombre como parte de otra ofensiva laicista. ¿Para qué? Para llamar «vacaciones de invierno» y «de primavera» a unas festividades que los catalanes seguirán celebrando. ¡Vaya si seguirían celebrándolas! No merecen que la iniciativa sea tomada en serio. No es seria. Es verdad que el precedente más parecido es el de la Unión Soviética, donde el cristianismo y sus festividades desaparecieron de la vida pública. El tripartito de Montilla no enviará a nadie al Gulag -esperemos-, pero nos quiere matar de risa. ¿Alguien puede imaginar una Cataluña sin Sagrada Familia o Montserrat? Pues lo mismo es intentar crear una sin Navidad. Claro que hay no católicos en Cataluña, pero no cambia la identidad de la comunidad catalana. El respeto de la diversidad no es excusa para renunciar a la identidad. Salvo que uno carezca de rumbo, como esta Generalitat. Es de chirigota. ¿Creen que por cambiar de nombre dejará de haber belenes, árboles de Navidad, fiesta de Reyes y «caganet»? Si ellos lo creen no han entendido nada, y si no, representan un teatrillo laico para hacer que hacen. ¡Pobres! En fin, por anticipado, sea que luego no nos dejen: feliz y laica Navidad.