Las noticias adquieren otra dimensión cuando nos tocan la fibra sensible. El relato de las mujeres de los marineros secuestrados en Somalia sobre la situación de sus maridos tiene tintes dramáticos. Ese «cariño no me dejes solo, lucha por mí» era un testimonio tremendo, cargado de denuncia y de emociones. Los marineros aseguran que el Gobierno miente y que los piratas sólo quieren la libertad de su dos corsarios. De lo contrario les irían sacando de uno en uno. Tres ya están en tierra. El resto, sin comida, sin agua y a punta de kalashnikov. Ni nuestro Gobierno ni nuestro Ministerio de Defensa están haciendo, hasta el momento, una extraordinaria gestión de la crisis del «Alakrana». Es cierto que toda situación es susceptible de empeorar, y no me extrañaría nada que así ocurriera en este caso. Tienen razón las familias, que se sienten desinformadas y no representadas. Y tienen también razón quienes reprochan al Ejecutivo: 1) que haya permitido el desembarco en tierra de tres de nuestros pescadores, ante la pasividad de la fragata Canarias, 2) que tras 35 días de secuestro no se perciba estrategia alguna para acabar con el mismo, 3) que se trasladara a España a los dos piratas detenidos, lo que sólo ha servido para agravar la crisis, 4) que no se haya visto aún la manera de desbloquear la situación de los corsarios en España, carta valiosa para emplear en caso de negociación, y 5) que no se tomaran medidas antes para facilitar la presencia de agentes armados en los barcos, lo que hubiera abortado de entrada el intento de secuestro. Nada de eso se ha hecho y ahora estamos en una situación más que complicada. Para decir que los pescadores están bien no hace falta ser ministra ni haber hecho un máster en comunicación. La realidad es que no están bien. Están secuestrados. Y la gestión de la crisis por parte del Gobierno, hasta el momento, ha sido nefasta. Eso sí: hacerlo peor aún es posible.