Como ya les he dicho en alguna ocasión, servidor, como pijo, resulta bastante extraño. No sólo por trabajar un buen número de horas y jugarme la piel en algunos casos, sino porque, además, en mi vida he ido a esquiar. También me aburre el golf, no entiendo el diseño, tengo el mismo coche hace 5 años y no soporto la cocina de autor. Esto último tenía además la ventaja de que en esos locales donde se sirve espumita mentolada de la India con habitas del huerto de la abuela Petronila y el solomillito de ternerita cuidadita con amor por vaya usted a saber quien, eran sitios donde encender un puro estaba mal visto y prohibido, con lo cual uno tenía doble motivo para pasar de largo. Frente a estas cursiladas se mantienen los sitios de siempre, donde hay cocineros y no restauradores, donde el cochinillo sabe a cochinillo y las raciones invitan a culminar la cena con un pacharán, un puro y una magnífica conversación con tu mujer o tus amigos. Ahora la tiranía de las normas de los neopuritanos progres ha decidido prohibir fumar en poco tiempo en todos los locales. Lo siento por los buenos cocineros, por los esforzados empresarios y por la economía del país, servidor a partir de ese momento organizará cenas  en su casa, cenas para gentes civilizadas y tolerantes, debidamente presididas por una foto del gran Winston Churchill, que, recuerden, puro en boca, derrotó al primer gobernante que prohibió fumar, Adolf Hitler.