Silencio o castigo
El presidente Zapatero se ha puesto al mando de las operaciones. Tememos lo peor. No para los marineros, sino para el Estado. Zapatero se ocupa de las operaciones de imagen y la que tiene entre manos puede resultarle beneficiosa si consigue que los piratas pongan en libertad a nuestros pescadores. Sí, nuestros pese a que cuando todo va bien su mundo termine en Bermeo. Para que nada le estorbe, a cambio de utilizar todos los medios a su alcance, el presidente impone a las familias la ley del silencio. Dice el presidente que «cada cosa que se le pregunta es escuchada por los secuestradores y forma parte del elemento de negociación». Pero para negociar no vale todo. Mucho menos asumir el chantaje de los piratas y buscarles una salida a la carta caminando al filo de la navaja en nuestro estado de derecho. Porque al abogado del pirata, que primero fue menor, luego mayor y ahora moneda de cambio, le paga un despacho de abogados de Londres, donde los piratas tienen a sus representantes y sus finanzas. Esperemos que no hagamos el ridículo internacional y creemos el caldo de cultivo para nuevos secuestros como apuntan los ministros de Exteriores de Somalia y Reino Unido. A los piratas, ni agua.







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