Lo que sembró Moratinos
La petición formal del Reino Unido a España de que la Guardia Civil no entre en las tres millas de las aguas que circundan Gibraltar y que pertenecen a España según el propio Tratado de Utrecht en el que se basa la presencia inglesa en el Peñón es lo que le faltaba a Zapatero después de la crisis del «Alakrana». Porque uno y otro hecho hurgan en la misma llaga de una imagen exterior de España demasiado frecuentemente puesta en entredicho gracias al mismo partido que hoy nos gobierna y que ayer, cuando andaba en la oposición, hizo toda la sangre que pudo contra la «machada militarista de Perejil». Uno no es un entusiasta ni de Perejil ni del militarismo, pero prefiere, la verdad, que su país quede de chulito a que quede de calzonazos. Y se equivoca el Gobierno si piensa que eso de la dignidad nacional es una cosa que sólo le toca a la derecha. A nadie le gusta pertenecer a un país al que todos le toman a chufla. Aunque jamás lo confiese, al progre de manual lo que de verdad le mola es que su país sea una potencia arrogante y luego hacer como que se avergüenza de esa potencialidad y esa arrogancia. Digo «hacer como que se avergüenza» porque lo que de veras avergüenza es la bajada de pantalones. Eso sí que da una vergüenza que nunca podrá llamarse «ajena» porque nos pringa a todos los españoles.







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