La cara del "cara"
De todas las especies animales, la única capaz de desarrollar un rostro de cemento armado es la humana. En España tenemos un ejemplar especial, que ha conseguido la perfección. La cara de José Bono no es dura, es pétrea, marmórea y lapidaria. A este señor, que se reputa católico en público usando grandes altavoces, le han explicado los obispos que si vota a favor del aborto no podrá comulgar en misa. El tipo va entonces y publica en «El País» un artículo, diciendo que precisamente es partidario de la nueva ley por su condición cristiana, porque la medida del Gobierno va a disminuir los abortos. En el texto utilizaba blasfemamente las palabras de Cristo a la mujer adúltera: «Mujer, esta ley no te condena», olvidando entre otras cosas la distancia que media entre el adulterio y el aborto, que supone la muerte de un inocente. Finalmente, y visto que «El País» no le va a procurar la absolución -los de Polanco todavía no tienen esa potestad- ha comentado con desprecio que él no es ningún asesino «como Pinochet, un asesino desalmado al que se le dio la comunión de manera vergonzosa». O sea, ha aprovechado para escarnecer a la Iglesia universal y sugerir que ampara y abraza a los dictadores y genocidas. Ignoro si Pinochet comulgaba o no y supongo que lo haría después de confesar sus múltiples pecados, pero hay que tener cara para intentar ridiculizar a la comunidad a la que dices pertenecer. Tampoco sé si Bono comulgará o no, ni me importa, lo que me parece sencillamente repugnante es que ponga al servicio del Gobierno su catolicismo. Ya es grave que entre la Iglesia y Zapatero, elija al segundo; pero que entre Zapatero y el niño no nacido elija al primero y lo haga pasar por cristiano es, sencillamente, vomitivo.







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