Parte clave de la vida y de la felicidad está en la forma en la que nos comunicamos. A veces no somos lo suficientemente conscientes del enorme poder que tienen las palabras.Cuando decimos cosas negativas por miedo, amargura, despecho, envidia, ignorancia, ira o tristeza, contribuimos a una forma de vivir poco favorable a nuestro bienestar emocional. Y es que, de esas emociones que expresamos en forma de palabras dañinas, demoledoras o inconvenientes, subyacen pensamientos que nos llevan a actuar, en esos casos, inadecuadamente. Como los pensamientos y las palabras determinan nuestra vida, lo mejor será hablar con amor, comprensión, humildad, responsabilidad... frente a críticas destructivas, reproches o la desaprobación. Esta charla psicológica viene a cuento porque, como hemos visto esta semana, tratar temas peliagudos sin toda la información, proferir acusaciones infundadas, dar falsas esperanzas, por ejemplo a familiares de secuestrados... puede desembocar en un gran dolor. Es el caso del acusado erróneamente de asesinar a su hijastra. Acabó necesitando ayuda psiquiátrica. La Federación de Asociaciones de Periodistas de España pidió perdón, pero la realidad nos muestra que la demandada cautela choca frontalmente con ese ritmo frenético que nos roba la vida a través del tiempo. De paso decir que la perversión y el mal uso del lenguaje, son también hechos a denunciar. Hemos de poner atención a esa maquinaria propagandística que no duda en distorsionar o manipular la realidad. Si la rigurosidad y la veracidad quedan supeditadas a intereses personales o de grupo, la credibilidad se tambalea. No queremos palabras huecas que pretenden desorientar y confundir a la sociedad en lugar de hacerla participativa a través del conocimiento. Expresiones como ley sostenible, captación puntual de agua, o solución habitacional, no sirven para esclarecer precisamente. Y ya que ayer fue el día de las personas con discapacidad, no puedo terminar sin aludir a la sustitución del término minusválido por diversidad funcional, ya que en este caso sí sirve para algo: evitar que uno se crea menos válido de lo que realmente es.

 

Mensaje de texto enviado por Manuel A. Rodríguez Navarro @20:26

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