Muchos dirigentes socialistas de prestigio indiscutible llaman a Zapatero «iluminado». Y no por sus luces precisamente. Muchos ciudadanos son más benévolos y sólo le tratan de irresponsable. La antología del disparate nacional no tiene desperdicio y con recoger sólo los sucedidos de los últimos días tenemos motivos para la desmoralización como sociedad civil. Frente a las demandas internacionales de tomar medidas, Zapatero hace justo lo contrario de lo que le recomiendan, y un día sí y otro también, nos dice que la recuperación es inminente, gracias al Plan E, una broma pesada teniendo los peores datos de Europa. El sábado, los sindicatos, con más de cuatro millones de parados, apoyarán al Gobierno, que les mima, por decir algo, para que nadie altere la calle, y criticarán a los empresarios. La ley de sostenibilidad no se sostiene, ni como cajón de sastre, y los internautas ponen en evidencia a medio Gobierno. Para la pacifista saharaui, y los secuestrados en Mauritania, diálogo como solución. Palabras huecas, como siempre. En su cruzada laica los símbolos religiosos como un elemento más para el frentismo sin entender la cultura cristiana como parte de la memoria histórica, mientras indemnizaremos a los moriscos expulsados hace cuatro siglos. El aborto busca la ley más radical, impuesta por los votos y las prebendas políticas de las minorías, como si la vida humana fuera moneda de cambio. Y la crisis institucional con una España autonómica sin rumbo, donde en Cataluña se hacen 160 consultas para la independencia, y desde el control a las instituciones y a los ciudadanos saltándose las reglas del juego. Que alguien dé la luz… que por cierto vuelve a subir.