Añoranzas
Tiempos aquellos… Cuando el imperio lo dirigía el ignorante de Bush, qué facilón resultaba negarse altanera y airadamente a cualquier petición de ayuda económica, política o militar. Qué rentabilidad política se le sacaba a cada desplante al “pistolero”. Qué bien quedaban los miembros de nuestro gobierno llenándose la boca con la palabra “guerra”, o retirando heroicamente las tropas de cualquier misión, o aconsejando sabiamente a los aliados que hicieran lo propio. Con poco éxito, todo hay que decirlo, pero el intento quedaba soberbio para la parroquia interior: “que se entere el yanqui”. Pero ah, amigos, ahora manda Obama. Ahora tenemos al frente del imperio a ese prodigio de la mercadotecnia que viste como nadie los trajes y los abrigos, que sonríe beatífico a diestro y siniestro, que se dobla en inverosímiles reverencias de 90 grados ante reyes y emperadores lejanos, que prometió cerrar Guantánamo en menos que cantara un gallo, que iba acabar con todas las guerras que en el mundo han sido, que iba a apaciguar a la bestia iraní y a domesticar a la bestezuela coreana, que coincidiría en conjunción planetaria con Zapatero para conformar la más benéfica unión de poderes que la Humanidad haya visto. Y hete aquí que Obama dice que lo de Guantánamo sí, pero que dentro de unos años. Y que lo de Afganistán requiere arremangarse y enviar más soldados, porque, oh cielos, es una guerra… El otro astro de la galaxia progre, nuestro Zapatero, ha perdido de pronto la capacidad de desafiar al césar, con lo bien que se le daba. A nuestro Sansón hispano Obama le ha cortado las trenzas que le daban la fuerza desafiante. ¿Soldados? Marchando una de paracaidistas. ¿Más tropas? Que no se diga: la Legión con cabra y todo, si hace falta. ¿Que tenemos que acoger a unos simpáticos musulmanes con mono naranja? Vengan para acá. ¿Y cómo les contamos ahora a los de la ceja que Afganistán sí es una guerra, que no paramos de enviar tropas, que nuestros soldados mueren ahí en combate, que estamos combatiendo a tiros ese terrorismo internacional que tenía que diluirse como un azucarillo ante la simple mención de la alianza de civilizaciones? Y si además resulta que esos tres infortunados cooperantes han sido secuestrados por Al Qaeda y se pide nuestra retirada a cambio de su libertad… Ya, ya sabemos que los de la ceja no se caracterizan por un especial rigor en su exigencia de coherencia a los gobiernos de izquierdas, pero caramba, ¿cómo les decimos ahora que Obama, el nobel de la paz, nuestra gran esperanza negra, está aplicando la política de Bush, el asesino de niños, y pretende algo tan innoble como ganar la guerra?








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