Por internet circula que a los portales de Belén esta Navidad les ha caído un Expediente de Regulación de Empleo que los ha dejado tiritando. Cierto, uno se da cuenta de que antaño abundaban las ovejas y los pastorcillos, pero comprende que tanto pastor es difícil de mantener (aunque trabajen sólo por la manutención, hay que llenarles los zurrones y no estamos para tocinos y vinazos), y que la ganadería y la agricultura han desaparecido por orden de la UE, que cree que es más práctico arrancar los olivos y comprar los tomates en Chile y la leche en Singapur. Yo propongo sustituir a los pastorcillos carcas por repartidores de pizza, signo de la modernidad laboral españolita, con sueldos «low cost» y de diversas nacionalidades (así aseguramos el toque multicultural). Con dos, ya sobran. Pueden aprovecharse sus indumentarias impermeables para colocar anuncios: «Espacio reservado para su publicidad», y sacar unos euritos. Los artesanos –herreros, leñadores, carpinteros…–, como son PYMES y autónomos, se da por hecho que han tenido que cerrar sus negocios. Así que fuera. Los Reyes Magos: va a ser que no. Papá Noel, que parece menos católico. Además, un solo hombre hace el trabajo de tres. Ahorro para el rancho y no molestamos a los republicanos. Los camellos. Dejamos uno, pero cargado de costo y farlopa o no pasa. La Virgen María ha sido captada por el Ministerio de Igualdad y está asistiendo a unas charlas remuneradas en un congreso sindical en Rodiezmo. Se excusa su presencia. San José, en el paro, se encuentra en el INEM de Judea. La barba le llega por las rodillas (lleva un tiempito esperando). Al buey y la mula los dejamos porque algunos nos seguimos identificando con ellos (cobran poquísimo y trabajan como animales). El niño Jesús, víctima del calentamiento global, está resfriado y se ha ido a las Urgencias de la Seguridad Social donde no lo atienden, a pesar de sus excelentes recomendaciones, porque la cola va para largo… (Feliz navidad, venga).