Chapuza
Lo del FBI con Llamazares y el trucaje de su foto para asemejarle a Ben Laden no tiene más nombre que el de chapuza. Aunque lo peor no sea el hecho en sí, sino la conclusiones que de tal circunstancia se extraen. La primera, que si es éste un método habitual de trabajo de la Policía Federal de los Estados Unidos, pobres los ciudadanos que a ella se someten, pues no se me ocurre una forma más cutre de actuar a quien se supone seriedad y rigor sólo por pertenecer a un cuerpo tan presuntamente prestigioso. La segunda, que se trata de un hecho grave y escandaloso que no debería quedar en una mera queja. Hizo bien Rubalcaba en pedirle explicaciones al nuevo embajador de los Estados Unidos, Alan Salomón, que debería darse prisa no sólo en aprender español, desconocimiento incomprensible en quien viene con la máxima representación a un país como el nuestro, con un idioma que hablan 450 millones de personas, sino en averiguar por qué increíble razón el FBI ha utilizado una foto del portavoz parlamentario de la izquierda española para elaborar el retrato robot del terrorista más buscado del mundo. En internet han encontrado al perfecto sospechoso: Gaspar Llamazares. Vamos a ver, el dirigente de IU ya no es un adonis, pero su rostro tampoco sugiere pulsiones inconfesables o deseos homicidas. Al contrario, tiene la apariencia de una persona sensata y fiable... hasta que abre la boca, pero eso no cuenta, porque el FBI nunca ha oído hablar a Llamazares, tormento reservado sólo a los españoles. Pero detrás de esa pasmosa negligencia se esconde algo más que un ataque a la honorabilidad de un diputado español; también revela que la lucha contra el terrorismo está en manos de unos funcionarios que se bajan de Google lo primero que encuentran. O peor aún, que para la mítica Policía federal basta con ser moreno, tener el pelo rizado y los ojos oscuros para entrar a formar parte de la lista de sospechosos, ya sea por árabe, por hispano o por pobre.







Los comentarios están cerrados