Vomitivo
Me da lo mismo el hijo de la gran puta del Rafita que el otro hijo de puta llamado De Juana Chaos. Cuando te matan a alguien querido te da igual que haya sido un terrorista o un asesino de 14 años. Si además el verdugo no sólo huye del arrepentimiento sino que insiste en su vena delictiva, está claro. Modificar la Ley del Menor parece más urgente que otras que insisten en vendernos bajo la bandera del progresismo oportunista. Qué mayor progresismo para un Gobierno que defender la vida de sus ciudadanos. Y que cesen con la retahíla de la inconveniencia de legislar en caliente. Desde 2003, cuando Rafita violó, asesinó y quemó a Sandra Palo, algo se ha debido enfriar además de nuestra confianza en la Justicia. Políticos, jueces y fiscales intentan ahora justificar sus decisiones sobre su puesta en libertad y su irrisoria vigilancia. Cuando terminen de sacudirse responsabilidades, que se pongan a trabajar. Pero primero por las víctimas. Indigna ver a la Policía proteger a los asesinos mientras tratan con frialdad a las víctimas, ver cómo arrestan a la abuela de Mari Luz por arrojar, en un acto de impotencia más que entendible, un paraguas contra un coche policial o cómo tiran al suelo a un amigo de Marta del Castillo porque la visión de su asesino confeso le rompe los nervios. Recuerden a Montesquieu: una injusticia hecha a uno es una amenaza para todos. Que no esperen a vivirlo en piel propia, aunque mis deseos son que tanto políticos gobernantes como el tal Pedro Piqueras de Telecinco, lo vivan en piel propia para ver la magnitud de su tolerancia y buenismo, aunque seguro que reaccionarían antes. Basta de inmoralidades. Incluida la exclusiva televisiva. Vomitivo.







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