Una conversación privada no es comparable a una entrevista. El «hijoputa» de Esperanza Aguirre no merece ser buscado ni hallado. Los hay a centenares de miles, y más aún en la jerga coloquial. En España, el taco puede ser culto y hasta elogioso. La familia Real, desde Isabel II, es taquera y malhablada. Lo privado no puede interpretarse textualmente. Alfonso XIII contribuyó a elevar la categoría de la palabra malsonante a consideración oficial. Así su telegrama al general Fernández Silvestre: «Manuel, olé tus cojones». El «hijoputa» de Esperanza Aguirre puede ser cualquiera, e incluso, Esperanza ha podido emitir en privado su calificación en sentido admirativo. Hoy en día, no hay elogio más expresivo que el «de puta madre». «Ese tío es de puta madre», y el tío se queda encantado. Por ello, un tío de puta madre es lo mismo que un hijoputa, y no hay que buscarle tres pies al gato. Cuando el español necesita expresar su admiración por otra persona, acostumbra a recurrir al taco. «Qué bien juega al fútbol ese hijo de puta», o «cómo se expresa ese cabrón». No cabe generosidad mayor. Otra cosa es dotar al hijoputa o cabrón de una calidad o variedad específica. Un «maldito hijoputa» no contiene destino de simpatía. Ni el aumentativo «cabronazo». Fidel Castro lo usa con «mariconzón». Y la singularidad de la especie tampoco conlleva la intención del piropo. Le hablaba Antonio de Senillosa a Don Juan De Borbón de Santiago Carrillo. No recuerdo el origen de la conversación, pero a Don Juan no le interesaba en demasía el personaje. Y cambió el sentido de la charla de manera contundente. «¿Carrillo? Un cabrón con pintas». Cuando al cabrón se le añaden las pintas, poca defensa tiene. Para mí, que no para otros, que uno de los grandes valores de Esperanza Aguirre es que habla a la patalallana. Lo hace como la gente de la calle, y no se anda con volutas metafóricas o figurativas. Otro de sus grandes valores es que ha sido y es una gran Presidenta de la Comunidad de Madrid, y eso también fastidia. En privado, con micrófonos en la cercanía o sin ellos, todo lo que se diga merece un respeto.