Desconcierto en la progresía mundial. Obama se desinfla. Convertido en el presidente de la historia norteamericana con menos respaldo popular al cumplirse su primer año de mandato, un golpe inesperado ha encendido todas las alarmas: la derrota en Massachussets, inexpugnable feudo demócrata desde 1952. En su ofuscación, la prensa progresista ya ha tildado a la mayoría que libremente se ha impuesto en las urnas como «una mezcla de anarquismo liberal, racismo y fanatismo religioso» (El País, 21-01-2010). Los tópicos habituales de quienes necesitan desahogarse cuando la realidad política de Estados Unidos no se acomoda a sus deseos. Pero Obama ganó en Massachussets por 26 puntos de diferencia hace apenas un año y a buen seguro que muchos votos procedieron de esas mismas personas que ahora son tildadas de racistas y fanáticos religiosos. ¿Fueron también racistas y fanáticos religiosos la mayoría que dio la espalda a los candidatos demócratas en las elecciones de Virginia y New Jersey, hace apenas dos meses? Cuesta entender que Obama lograra un triunfo tan rotundo aquél histórico 4 de noviembre de 2008 en un país con tanta gente indeseable... La pregunta que procede es otra. ¿Qué ha sucedido para que la nueva era que historiadores, intelectuales y periodistas anunciaron con el triunfo de Obama haya permitido esta sorprendente resurrección de los conservadores americanos? La respuesta puede irritar a muchos, pero lo confirman todas las encuestas: Estados Unidos es una nación de centro-derecha.