La masa borreguil
Sólo desde la sinrazón de la masa poco o nada racional podemos entender muchas de las cosas que nos suceden cotidianamente: que se elijan para representarnos a personajes de tan baja catadura intelectual como hemos visto en las selecciones de Eurovisión, que se den por buenos los bodrios televisivos que gobiernan las audiencias de las parrillas televisivas, que tengamos los gobernantes que tenemos… “Un hombre, un voto”, es una responsabilidad demasiado grande para personas poco formadas o insensatas, y tanto más cuando en algunos ámbitos, como el político, todavía se desvirtúa más el desvarío gracias a la aplicación de leyes como ésa de tal D´hont, donde el voto de alguien poco ilustrado de una región tiene tanto más valor que decenas, centenas o millares de otros votos de urbes, donde probablemente depositan el suyo personas con mucha más formación y calidad intelectual. Y así nos va, claro. Los ignorantes, los que gustan ser parte de una masa o necesitan rodearse de ella para tener una opción de ser, suelen ser gentes muy voluntariosas y bien mandadas, y suelen acudir a votar en masa. El crítico, por tener ideas propias, tiene conflictos a la hora de entregar su respaldo a una opción, porque suele no verse debidamente representado por el elenco de quienes optan al puesto o cargo, y a menudo suele abstenerse. El resultado: la sociedad que tenemos. Es precisamente este proceder lo que ha convertido en frikis a nuestras sociedades, promoviendo aberraciones como entre las que ordinariamente nos desenvolvemos. A algunos les puede parecer anecdótico o casi simpático que un friki represente a su país aunque sea en un certamen de canciones domingueras, o que se hayan propulsado a los puestos de mayor relevancia social a los nefandos personajes que asolan nuestro intelecto, ninguneando la calidad; pero es que incluso cuando hablamos de cuestiones tan capitales como la Política, no encontramos otra cosa que personajes de dudoso -y tal vez seguro en su nulidad- talento al frente de las cuestiones que determinan nuestro marco de convivencia, nuestra calidad de vida y hasta las posibilidades que como país o como nación, y aún como individuos, tendremos de futuro. Cinco millones de familias sin ingresos, es un lujo que a toda luces no nos podemos permitir, como no nos podemos permitir que uno de cada dos jóvenes no tenga expectativas profesionales de ninguna clase. Que Zapatero no ha dado una ni por índice de probabilidades en seis años que lleva de Presidente es un hecho incontestable, como lo es que a la vez ha dilapidado la herencia que los españoles habían ahorrado.







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