A la mierda, señores progres
Qué pesados. Qué cansinos. Y sobre todo, qué fuera de la realidad. Estoy hasta ahí de los que se organizan para aparecer en listas y poder ver, al menos de ese modo, su nombre negro sobre blanco. Porque de otra manera, difícil. Ahora salen denunciando una reacción agresiva en los medios de comunicación contra Guillermo Toledo por «ejercer el derecho ciudadano a participar del debate político». Ni de eso se han enterado. Y no será porque a la mayoría de los firmantes el exceso de trabajo les haya impedido documentarse antes de rubricar. Su compañero no participó en ningún debate político. Se limitó a atentar contra el honor, la imagen y la dignidad de una persona que, para mayor inmoralidad, estaba muerta. Por menos motivos se han presentado y ganado denuncias en los juzgados. Si quieren cubrir la cuota de falso compromiso (que en ellos más parece una obsesión que un sentir) que sepan que, por desgracia, hay mil historias en las que poder colgarse la etiqueta de solidarios. Y las tienen bien cerca. No he visto a ninguno (cuando éstos hacen algo es con foto de por medio) con los padres de Marta del Castillo, ni con los dos españoles aún secuestrados por Al Qaeda, ni con los familiares de los asesinados tal día como hoy hace seis años en un tren en el que viajábamos todos, ni con las víctimas del terrorismo etarra. Lo único que recuerdo al respecto es a un grupito de actrices regalando rosas blancas a una abogada de etarras. Lo suyo es puro espectáculo.







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