La Pajín mental
Uno siempre ha sospechado que la clave de las malas relaciones de este Gobierno con la Iglesia está en que el zapaterismo no es una ideología sino una religión, o sea que compite en el mismo campo que ésta. De ahí viene la «excomunión laica» que sufrió el Papa en el Congreso de Diputados o esa política económica ante la crisis que no es más que el milagro fallido de la multiplicación de los panes y los peces. De ahí viene el milagro del don de lenguas que protagonizó anteayer la Pajín en el Senado. Aquí ya no estamos ante un acontecimiento planetario sino directamente sobrenatural. Las malas lenguas (nunca mejor dicho) sostienen que no fue un milagro sino un caso de posesión diabólica y que en vez de hablar en euskera, valenciano y gallego estaba jurando en arameo y le rotaba la cabeza como a la niña de «El exorcista». Aquí es que hay mucha envidia y la gente no valora esa iniciativa surgida en el Senado de hacer las sesiones en cinco idiomas para aumentar un poco más el gasto público. Los chinos tienen 235 lenguas vivas pero carecen de esas brillantes ideas que hundirían su boyante economía. El Pentecostés de Pajín marca un antes y un después en la historia de la Cámara Alta. Los que no querían ponerle una placa a la Madre Maravillas van a tener que ponérsela, después de esto, al Espíritu Santo.







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