El Islam se apodera de Cataluña. Nos advierte de ello la Fundación España y Libertad, una de las pocas organizaciones que en este país conserva los arrestos suficientes para denunciar lo que otros callan. ¿Han visto cómo rezan los musulmanes en las calles de Cataluña? Estremecedor. Sin embargo, no es nada en comparación con lo que será. Hoy Alemania, mañana el mundo, cantaban hace décadas las juventudes hitlerianas. Hoy Cataluña y mañana Al Andalus, cantan hoy los inmigrantes musulmanes. Ayer no se atrevían a rezar en la calle porque eran cuatro. Pero hoy la cosa ha cambiado. Hoy los islámicos empiezan a ser multitud, al punto de haber cuadruplicado su población en Cataluña. De ahí que no se corten. Son muchos, pero mañana serán más. Para eso están los vientres de sus mujeres, tan sumisas como excelentes paridoras. Ahí las tienen produciendo niños a destajo. Pequeños islamitas totalitarios, que no tardarán en decirle a los nuestros lo que tienen que pensar y lo que tienen que rezar. No me tengo por profeta pero ese es el futuro que nos espera si no hacemos nada para remediarlo. Verdaderamente, los musulmanes tienen mucho que agradecer a Alá. Deben darle gracias por el milagro. El milagro de que existan seres primarios y necios como los españoles. Tan primarios como para subvencionarles la educación, la sanidad, la vivienda y, por supuesto, el nacimiento de sus hijos. Tan necios como para pensar que todos estos recursos no los explotarán contra nosotros. Ahora, incluso, les legalizamos un partido, el primer partido islámico de Europa. Ochocientos mil musulmanes podrán votar en las próximas municipales. Qué grandes somos. Lo habitual es culpar a las elites de todos los males. Y en buena medida lo son. Son las elites económicas y políticas las que nos metieron en este atolladero. Las mismas que ahora se muestran incapaces de sacarnos de él. Aunque tampoco lo pretenden. Querían una mano de obra barata y ya la tienen. Querían acabar con la cohesión social y lo han conseguido. Ahora que sea el pueblo español el que se las apañe. España, es cierto, tiene la peor clase política de Europa. Está entre las más corruptas y es, con diferencia, la más analfabeta del continente.







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