Al menos es sorprendente, ya que no plausible, la cínica preocupación del Ministerio de Sanidad por la salud de los ciudadanos, el cual no duda en invertir ingentes dineros en inútiles vacunas que benefician a trasmano a las multinacionales de la cosa farmacéutica, a la vez que legisla y legisla y legisla invadiendo los ámbitos íntimos con la cosa de la prohibición del tabaco y se inmiscuye intolerablemente en la cosa individual y familiar al alentar –directa o indirectamente- a las nenas a poder abortar con o sin el consentimiento y/o conocimiento de sus padres y tutores. A uno, que es como es de mal pensado, todo esto le huele a chamusquina. En lo de las vacunas, nada que decir que no esté sobradamente claro; en lo del aborto, sobran palabras, en fin, pues que ejemplos históricos relativamente recientes tenemos en nuestro propio continente, especialmente en el centro de Europa; y en lo del tabaco, vaya, que se agradece el interés en que no agarremos un cáncer (la mayoría de quienes perecen de esta enfermedad no son fumadores). Pero ya digo que sorprende este desvelo cuando no hacen lo más mínimo por saber qué sustancias de todas las que contiene el tabaco son tóxicas o cancerígenas, limitándose a la cosa de la nicotina, el anhídrido carbónico o fruslerías por el estilo. Sorprende. Pero sorprende mucho más todo este encomiable celo, cuando, por ejemplo, obvian hacer nada por la exagerada eclosión de casos de cáncer y otras enfermedades atroces en zonas muy específicas, como Huelva o Cádiz, donde se verifica a la vez y sintomáticamente la mayor concentración de industrias tóxicas, y aquí el ministerio de la inquietud coercitiva no tiene que decir ni mu. Ni ahí, ni en los supermercados, donde abundan todo tipo de sustancias peligrosísimas en los alimentos, a través de los conservantes, estabilizantes y colorantes –especialmente en todos los productos orientados al consumo infantil, como dulces, refrescos y bollería-, que sobradamente están constatados como tóxicos, cancerígenos y como dañinos severos de la salud, produciendo desde tumores a asmas y pasando por inducir conductas hiperactivas. ¿Acaso esto no merece sus esmero?... Da la impresión de que hay algo en especial contra los niños, mal mirado.