Cansinos
Es posible que la tendencia de la sociedad española a «fidelizar» su voto sea en buena parte responsable de la monstruosa burocratización del Estado español –el central y sus franquicias autonómicas–, que ha logrado que el poder se concentre en pequeños grupos de personas, en absoluto las más preparadas, que forman una auténtica casta: la de los «enchufados». Al estilo franquista: «quien no tiene padrinos, no se bautiza». Así encontramos autonomías en las que las relaciones familiares o de partido determinan la ascensión social de los individuos, componiendo oligarquías que parecen sacadas de un folletín decimonónico. Para delimitar los mandatos de los presidentes de gobierno, y de los altos cargos, no habría ni que tocar la Constitución, esa especie de doncella incólume legal a la que nadie se atreve a meter mano. Bastaría con desarrollarla poniendo fin a la posibilidad de que nuestros políticos se eternicen en sus cargos. Que cansan.







Los comentarios están cerrados