Conviene no perder de vista que en el caso de Ben Laden se trata del cadáver de alguien que estaba en guerra y por lo tanto se arriesgaba a ser víctima de las normas sumariales por las que se rigen las batallas. Personalmente su muerte me deja impasible, como si los muchachos del «SEAL» se hubiesen llevado por delante a un tipo deleznable que yo creo que incluso le será indigesto a la muerte. Yo sé que suena duro, o cruel, pero así suele serlo la franqueza, de modo que no me importa decir que el de Osama Ben Laden es uno de esos casos en los que ni siquiera me produce incomodidad moral que la Ley se parezca tanto a la venganza. Es posible que ahora los fundamentalistas le conviertan en un  mártir camino de adorarle como a un dios. No importa. A mí lo que me preocupa de que hayan arrojado su cadáver al mar es que se les joda el estómago a los peces.