Personal e intransferible
Una cosa es la educación sexual, necesaria en todos los colegios, y otra, muy distinta, es que un Gobierno, en este caso la Junta de Andalucía –que parece tener una especial querencia por las prácticas sexuales de sus alumnos porque no hay año que no saque una guía sexual– decida cómo debe instruirse la sexualidad de un joven, aunque sea en horas de tutoría y a través de sus profesores. Y si los ejercicios prácticos que proponen en pro de una salud sexual sana es que los alumnos vean revistas del corazón, ya saben, esas publicaciones repletas de envidiables y ejemplarizantes valores humanos, es para coger al profesor y devolverlo al jardín de infancia, o mejor, al juzgado de guardia por incitar a los adolescentes al aborregamiento colectivo. Hay parcelas personales y morales, en especial las concernientes a la afectividad y a los sentimientos, que deben concernir a los padres y al interesado, en este caso, los menores. Se ve que ese día los miembros de la Junta de Andalucía que llevan los temas de educación no fueron a clase.







Los comentarios están cerrados