Mona se queda
Moraleja: la gente no siempre camina lo que habla. Si no quieres acabar como los miserables, no te apuntes al «tontismo» la nueva moda de este otoño que la izquierda ha diseñado para estupidizarte. No es malo ser rico, tampoco es bueno ser pobre e ignorante. Y es que, érase una vez, un país donde la izquierda ideológica padecía esquizofrenia existencial predicando una cosa y haciendo otra bien diferente. Muchos de los habitantes de aquel país, formado por 17 en estado de frustración y sin un duro (esto aún les cabreaba más), padecían de «estupiditis aguditis» no dándose cuenta de la realidad y creyéndose todas las mentiras que aquellos largaban con una soltura y naturalidad que ya hubiesen querido para sí las nubes. Los «izquierdas» estaban empeñados en hacer creer que los ricos eran malísimos para la salud democrática del país. No querían que las urnas los despachasen a casa y quedarse sin el pastel. Sabían que, mientras tuvieran a la plebe distraída, emburrecida, y mordido «el anzuelo de la envidia al rico», ellos podrían hacerles creer que los burros vuelan. Si su plan triunfaba, los hijos de los pobres no sabrían hacer la «o» ni con un canuto, puesto que en las escuelas públicas, salvo que te tocase un maestro decente, no se enseñaba, se fomentaba la ignorancia. Eso sí, ellos preparaban a su progenie en los mejores colegios privados, para algún día hacer el traspaso de poderes.















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